Buscasendas. Senderismo y NaturalezaSENDERISMO Y NATURALEZA 
EN LA COMUNIDAD DE MADRID Cuadro de texto: Hace trece años el coordinador de una revista destinada a jóvenes lectores ciegos me invitó a escribir un artículo sobre montañismo que encabecé con el título que acabáis de leer. Tanto tiempo después, y con tantas cosas extraordinarias como las que he vivido en montaña en su transcurso, compruebo algo asombrado, tras releerlo, que tanto las motivaciones como el contenido de aquel artículo continúan estando vigentes, al menos a mi modesto entender. 
Y es que las cosas no cambian tanto ni tan rápidamente como solemos creer. Ni siquiera en un deporte como el del montañismo, que en los últimos veinte años ha vivido transformaciones –sobre todo en España- de gran trascendencia tanto desde el punto de vista técnico como teórico y de base, pasando en tan poco tiempo de ser un deporte ultraminoritario y practicado básicamente por autodidactas, a uno cada vez más seguido en sus diversas modalidades y con proliferación de escuelas de enseñanza de diversos niveles con bagaje didáctico casi internacionalmente asumido, así como de materias específicas incluidas en determinadas carreras universitarias del ámbito deportivo. 
En fin, sin dar más vueltas al asunto, que daría para otro puñado de folios como mínimo, y como ejemplo del ahorro de medios y esfuerzos que es una de las disciplinas primeras que debe aprender un montañero, os endoso directamente aquel artículo íntegro y casi sin retoques: 
Tras recibir el encargo de escribir este artículo mi primer impulso fue comenzar a contar algunas de mis experiencias personales y líricas con este deporte, concretadas en el relato de cualquier salida al monte que hubiera realizado. Enseguida lo deseché -espero que no equivocadamente-, por dos motivos. El primero es que no hay nada tan deplorablemente parecido a un soldado recién licenciado contando sus inacabables historias de la "mili", como un montañero desglosando con verborrea y grandes aspavientos durante horas sus logros y aventuras en la montaña. Es algo que va indisolublemente unido a este deporte y que sólo merecen sufrir otros montañeros o nuestros familiares. 
El segundo motivo es más evidente: cuando alguien ha de tratar un tema específico ante una o varias personas, lo primero que debe tener en cuenta es si éstas poseen ya un conocimiento básico sobre el mismo. Esto condiciona, sin duda, tanto el mensaje como el nivel de expresión. Si parece absurdo dar sin previo aviso una conferencia sobre el cálculo de probabilidades a un auditorio interesado en la historia del Imperio Antiguo Egipcio, igual sucede cuando alguien habla de montañismo sin que sus interlocutores posean unos mínimos conocimientos sobre el tema o, lo que es aún peor, los tengan escrupulosamente equivocados. 
Por todo ello decidí que lo primero que debía hacer era explicar, aunque sea muy concisamente, en "qué creo" que consiste el montañismo. Pero, ¿realmente hay que explicar algo sobre un deporte tan conocido y divulgado últimamente? Parece ser que sí. Y mi experiencia sobre ello es la siguiente: hablando de montaña con mis familiares, amigos o compañeros de trabajo, me he encontrado casi siempre con la misma pregunta, con algunas variaciones; una cuestión que se me ha planteado con independencia de que mi interlocutor fuera joven o viejo, ciego o vidente, y que siempre me ha sorprendido: "Pero vosotros vais encordados, ¿no?"; y/o: "¿No os da miedo subir por esas paredes tan verticales?"; y/o: "El montañismo es ‘escalar’ montañas ¿verdad?". Bien, esta simple cuestión expresa una parcial pero importante ignorancia acerca de este deporte, además de crear prevención en muchas personas que desearían practicarlo si no fuera por el miedo que les provoca tener que actuar en algún momento -según ellos lo entienden- como "Spiderman", el famoso "Hombre Araña" de los cómics. 
Así pues, veamos cómo podemos definir de la manera más clara posible lo que es el montañismo y sus diferentes especialidades. Comencemos por las nociones básicas: 
El montañismo es un deporte que se realiza al aire libre, en la montaña y su entorno, en cualquier época del año, y en cualquier condición atmosférica que no suponga una seria amenaza física para uno mismo o para los demás. 
Este deporte es probablemente el único no competitivo que existe, y ya sólo esto lo convierte de por sí en especial y "humanizado": su fin nunca es el de lograr algo "contra" otro u otros, sino, principalmente, contra uno mismo.
Su componente humano es esencial: el montañismo se practica en general con otras personas, y es de sobra conocido el compañerismo y solidaridad que genera entre ellas. En pocos deportes como en éste se logra tan cabalmente lo que ha sido una de las bases del progreso humano hasta nuestros días: la transmisión de conocimientos y experiencias desde los más mayores o conocedores a los más jóvenes o novatos, y el respeto de todos ellos entre sí. El respeto entre montañeros -salpimentado por una, por lo general, sana envidia hacia los más dotados-, es una máxima de este deporte. Eso sí, no siendo nadie perfecto, de vez en cuando asistimos a algún cruce de reproches y algo más entre montañeros, especialmente si son de élite.
El desarrollo de un ejercicio físico es bueno en sí, pero cuando esta actividad se realiza en claro y constante desafío a uno mismo y a la Naturaleza, procurando adquirir cada vez más conocimientos, fuerza y voluntad, se convierte en algo grande, difícilmente expresable con palabras. Si además cada triunfo se comparte con unos compañeros sometidos al mismo sacrificio y esfuerzo, la satisfacción personal y la alegría tras cada salida al monte compensan de sobra el resto de una semana en que uno se encuentra encarcelado en la ciudad, trabajando o estudiando, y luchando duramente contra el estrés, los disgustos y las preocupaciones. El montañismo pone a punto el cuerpo y limpia la mente, y las dos cosas van más unidas de lo que nos parece. Mens sana in corpore sano es para un montañero algo más que una frase en latín.
Hasta aquí he expuesto lo que considero un comienzo básico para comprender este deporte. Pero hay más cosas, y más concretas, que uno debe saber sobre él, y esta parte se la dedico en especial a todos aquellos que siempre que imaginan a un montañero lo ven colgado de una cuerda como un chorizo:
El montañismo no es "escalar montañas" y paredes, aunque la escalada sea una de las actividades que un montañero puede llegar a realizar si lo desea, y si posee los conocimientos y la preparación física adecuada.
El montañismo es un deporte multidisciplinar que consta básicamente de cuatro actividades que pueden ser practicadas complementariamente entre sí, o independientemente unas de otras. Éstas son:
El senderismo [1]: es la marcha en baja montaña -hasta unos 1.200 metros de altitud, aproximadamente-, siguiendo senderos, rutas y pistas previamente trazados y marcados por otros montañeros, clubes de montaña o instituciones dedicadas a la protección de la Naturaleza. Requiere de un equipamiento de montañismo básico, de una forma física regular, y de unos conocimientos también básicos sobre este deporte, y su reto está más en la distancia que en la superación de desnivel (altitud que se supera en una marcha medida en “vertical”).
La media montaña: comprende las actividades de montañismo que se realizan desde los 1.200 a los 3.000 metros de altitud, según gustos. El montañismo de media montaña se puede practicar en casi todas las Comunidades Autónomas de nuestro país. Requiere de un buen equipo de montañismo -especialmente para las actividades invernales-, de unos buenos conocimientos técnicos y teóricos de este deporte y de algunos aspectos necesarios para su práctica segura (socorrismo, por ejemplo), y de una buena o muy buena forma física. Su reto está más en la superación de desnivel (metros “hacia arriba” contados en vertical desde el punto de inicio al de finalización) que en la de distancia porque lo que importa es ascender y “coronar” la cumbre o cumbres elegidas.
El alpinismo: es el montañismo de alta montaña -de 3.000 metros de altitud en adelante-, más difícil de practicar que los anteriores por los requisitos físicos y materiales que exige, ambos de alto nivel. Últimamente también es llamado himalayismo, andinismo, etc., marcando con ello una diferenciación de actividades y protagonistas montañeros según los ámbitos geográficos en que se desenvuelvan.
Estos tres tipos de montañismo descritos no son compartimentos estancos sin relación entre sí: como en todo deporte, en toda disciplina y, en suma, como todo en la vida, el camino para el ascenso de nivel y perfeccionamiento está siempre abierto para el que lo quiera recorrer. No creo que exista en el mundo un solo caso de alpinista que haya comenzado su vivencia deportiva en la montaña subiendo el Everest. La práctica del montañismo requiere tiempo, paciencia, constancia, entrenamiento, un poco de dinero y... suerte, claro.
Por último, no nos olvidemos de la bestia negra de este deporte, la que más da que hablar y quizás la más espectacular para los no montañeros: la escalada. La escalada -en roca o en hielo-, es un deporte que se traza como meta el llegar a la cumbre de un pico o al final de una "pared" de montaña por "vías" o lugares por los que no es posible hacerlo andando. La escalada se ha convertido en un deporte en sí mismo en la modalidad de "escalada deportiva", que se puede practicar tanto en "rocódromos" (recintos con paredes artificiales y “presas” para agarrarse simulando las verdaderas de piedra) como en el monte. Pero la escalada clásica, en montaña, se practica por dos motivos: por gusto y por necesidad. Pongamos dos ejemplos a la medida:
Por gusto: me apetece ir a La Pedriza (Parque Regional de la sierra de Guadarrama, en un tiempo llamado "Escuela de Escalada de Europa") a escalar una pared. En concreto una vía de esa pared: la vía "fulanito", que es la más difícil o la más bonita. Voy a La Pedriza, ando hasta esa pared –a veces debo ascender algo hasta ella, e incluso hacerlo durante horas- con el material que necesito y, cuando llego, escalo la vía elegida, me bajo y me vuelvo a Madrid.
Por necesidad: quiero subir al pico "X". Son seis horas de marcha en subida, pero para llegar a la cumbre hay que escalar una pequeña pared de veinte metros. Así que llego al pie de la pared, la escalo y ya estoy en el pico.
Estos ejemplos son simplistas, pero espero que dejen clara la opción: el montañero que quiera y/o sepa escalar, escalará, y el que no, no lo hará. Probablemente este último no subirá jamás a lugares que sí conocerá el primero, pero eso no disminuirá un ápice su placer al practicar el montañismo.
(Para cerrar este pequeño índice de variantes del montañismo que tracé en 1995, debo añadir a día de hoy, 30 de octubre de 2008, que con el tiempo se han sumado a las disciplinas de montaña muchas variantes y algunas actividades que no son montañismo aunque se practiquen en su ámbito o utilicen materiales y técnicas de progresión y aseguramiento típicas de este deporte. Hablo, por ejemplo, del barranquismo o descenso de cañones, al que se suman prácticas deportivas que son sólo eso y no se pueden calificar de ninguna manera de deporte específico y cerrado, y que suelen acabar finalmente reunidas en eso que se llama generalmente “multiaventura”, en la que se juntan tirolinas, rápeles, carreras de montaña, tiro con arco, piragüismo, etc. Muchas de estas actividades son tributarias en materiales, técnicas y bases de conocimiento, del montañismo.)
El bagaje de conocimientos que un montañero va acumulando sobre sí en el desarrollo de su deporte es inacabable. Con el tiempo aprenderá teoría y práctica de primeros auxilios, destinados a salvarle la vida a él y a sus compañeros en un momento dado; aprenderá algo de meteorología, de orientación, de alimentación, de relieve, de geología, de geografía y cartografía, de fauna y flora, de historia local; aprenderá a respetar a la Naturaleza, a temerla y a amarla; pero sobre todo aprenderá mucho sobre sí mismo y sobre los demás, sobre el coste que supone disfrutar de algo vedado a una mayoría, y sobre lo bien que sabe, bajo la niebla y la lluvia, la nieve y el sol, la comida que lleva el compañero.
Por último, no quisiera desperdiciar la ocasión de dar un tinte lírico al artículo -al final no he podido resistirlo-, reproduciendo para ello un bonito párrafo que pertenece a un libro clásico sobre montañismo editado y puesto al día periódicamente por la organización "The Mountaineers", de Seattle, Estados Unidos [2]:
"La libertad de las montañas reside en gran parte en la capacidad de un grupo, sea cual fuere su tamaño, para hacer frente a cada uno de los problemas del viajar y el vivir, incluyendo las emergencias, sin otro bagaje que lo que sus miembros pueden transportar cómodamente sobre los hombros, utilizando sus recursos físicos y el conocimiento y el juicio que les ha proporcionado la experiencia. Implícita está la responsabilidad de cada individuo con el ambiente, el grupo y consigo mismo (...) El verdadero montañero -tanto si escala como si se limita a andar- circula suavemente por la naturaleza, procurando no dejar ni el más leve rastro de su paso. Este individuo acepta el hecho de que el privilegio entraña responsabilidad, sin la cual la libertad es sólo libertinaje".
Actualmente llamado también trekking por esa manía que tenemos los españoles de recurrir a anglicismos aunque no nos haga puñetera falta. 
“Manual práctico de Montañismo”, Ed Peters. Ediciones Martínez Roca, S. A., 1987 y ediciones más recientes.
Cuadro de texto: EL MONTAÑISMO
O COMO RETARSE A UNO MISMO EN BUENA COMPAÑÍA
ARTÍCULO APORTADO POR:
Francisco Javier Bueno Sequera
Coordinador Técnico del Grupo de Montaña de la Delegación Territorial de la ONCE de Madrid
Instructor de Montañismo para Ciegos de la Federación Española de Deportes para Ciegos
Autor del primer Manual de guiado de ciegos en montaña. 
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